Estás con tu amigo y comienzan a conversar del más y del menos cuando a cierto punto de la conversación y luego de sus respectivas pausas para mover un poco el cuerpo al ritmo de “... i have a Pituca ...” o “... que levante la mano... quien no sufrió por amor...” te das cuenta que se va haciendo tarde y tu grupo de amigos está cada vez más pequeño pero a estas alturas de la noche ya no mucho te interesa si hay gente en el tono, lo importante es que la chela no se acabe, así que tú sigues conversando, contando algún chiste, cualquier anecdota, se te acerca un pata y te dice
- “Loquito ya me quito, vamos te hago la taba..:”
- No, dos chelitas más y me quito – ¿verdad o mentira?.
Ves que nadie se manifiesta con las otras chelas, así que tú mismo eres,
- “...seño dos chelitas...” , si se las puedo pagar la otra semanita mejor – ¿verdad o mentira?
Van siendo las tres de la mañana, sigues en la fiesta pero como ya están cerrando agarras tus chelas y te vas con tu pata a terminarlas afuera así no perturbas a nadie, en realidad sería dar dos o tres pasos hacia atrás y estás afuera. En ese momento era lo ideal porque viste a tu pata y te dio la impresión que estaba mareado, no podia estar en pie, lo veías balancearse de un lado a otro pero como tú estás más sano – no decimos que estabas completamente sano porque no lo quieres hacer quedar mal ya que puede leer esta historia – lo agarras de un hombro para que no se caiga, en plena conversación, te olvidas que tu amigo se puede caer y sin darte cuenta lo sueltas, ves como en cámara lenta comienza a balancearse una vez más pero tu estas ahí y otra vez lo ayudas a estar en pie, sino con quién te terminas esas ultimas cuatro chelitas que te pediste minutos antes de salir.
Siguen la charla, entre tu amigo y tu, pero notas algo raro, al parecer tu amigo está triste, piensas algo le preocupa, porque desde que pediste las últimas seis chelitas justo antes de salir de la pollada no ha dicho ninguna palabra tanto así que al salir de la fiesta sólo dio dos pasos muy justos y se plantó, no se movió mas, pero bueno si no quiere contarte nada no lo puedes obligar, quizás sea una persona muy reservada o el problema es demasiado grande; sea lo que sea tenían que terminar las ultimas ocho chelitas de todas maneras, no era posible por ningún motivo dejar alguna para después, eso jamás.
En tanto ya no era una conversación se había convertido en un monólogo, y creo que a mi amigo no mucho le gustó el tema porque no hizo ningún comentario a favor o en contra, ni siquiera una mueca, al menos nos pudimos terminar las diez útlimas chelitas que habíamos pedido.
Será que hay gente que sólo vive encerrada en sus pensamientos o que si el mundo no jira entorno a ellos pues no les importa nada. A este amigo no lo volví a ver, que habrá sido de su vida, me recordé en estos días de él porque me encotré con un amigo muy similar al de aquel día.
